Los escáneres hallaron menos actividad donde nadie la esperaba.
La neuroimagen durante el orgasmo muestra de forma constante algo contraintuitivo: amplias zonas de la corteza prefrontal se vuelven más silenciosas, no más activas. El hallazgo más sólido es una caída marcada en la corteza orbitofrontal lateral — la región asociada a la autoevaluación, el control de la conducta y la vigilancia.
Los investigadores describieron el estado como una liberación de la inhibición más que una suma de estimulación. Encaja con lo que la gente relata y con lo que nunca ha sido fácil de explicar fisiológicamente: que el obstáculo suele ser no poder dejar de vigilarse a uno mismo, más que no sentir bastante.
Información general, no consejo médico. Lo que persiste o duele es cosa de un médico, que ya lo ha oído antes.
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